Generalmente consideramos el Universo como algo ajeno, lejano e inalcanzable, es decir, tenemos la impresión de que la Tierra forma parte de una realidad y el resto del Universo forma parte de otra realidad casi irreal.
Pero pensemos en ello…, en una noche estrellada miramos al cielo y nos sentimos pequeños ante el gran espectáculo del cosmos. Un espectáculo que de alguna forma a primera vista nos puede parecer ajeno, pero si somos conscientes de que ¡ESTAMOS EN ESE UNIVERSO! realmente nos damos cuenta de que somos una mota de polvo comparados con un planeta, que a su vez es simplemente otra mota comparado con una estrella, nuestra galaxia está formada por miles de millones de estrellas, y en el Universo hay miles de millones de galaxias como la nuestra, hay muchas más estrellas en el Universo que granos de arena en todas las playas y desiertos de la Tierra, y las distancias que separan a estas estrellas son inimaginables. Somos verdaderamente pequeños y esto nos debería infundir un sentimiento de humildad.

Pero por otro lado los átomos que componen nuestro cuerpo provienen del interior de estrellas, de la transformación en el núcleo de las estrellas de elementos ligeros en otros más pesados, y al morir la estrella son esparcidos por el espacio. Dicho de otra forma: ¡Los átomos que forman las moléculas gracias a las cuales estás leyendo esto, y todos y cada uno de los átomos que tienes en el cuerpo provienen de estrellas exactamente iguales a las que observamos en una noche estrellada! No se trata únicamente de que formamos parte de ese vasto Universo, se trata de que ¡EL UNIVERSO ESTA DENTRO DE NOSOTROS!, el cosmos inimaginablemente grande en el que nos encontramos en realidad forma parte de nosotros mismos; esta materia fluye de lugar en lugar y momentáneamente se reúne para ser tú. ¿¡No es maravilloso!?

Pero no se trata únicamente de que seamos materia estelar, lo que nos distingue a todos los seres vivos es la forma en la que esta materia estelar nuestra se combina para dar lugar a máquinas moleculares tan complejas y sutiles como nosotros, he aquí donde reside la verdadera belleza de un ser vivo.
Pero… ¿Estamos solos en el Universo?, hay únicamente dos respuestas posibles, o si o no, y en cualquier caso la respuesta es increíble.
Al pensar en el tema y profundizar en ello se llega a la conclusión de que la vida tal y como la conocemos sólo podría desarrollarse en lugares muy concretos, por ejemplo si nuestro propio Sistema Solar no contara con la presencia de Júpiter la tasa de impactos (muy similares al que golpeó sobre la Tierra hace 65 millones de años) podría ser diez mil veces mayor, el planeta absorbe muchas rocas asesinas y lanza otras al espacio. Hallazgos recientes mostraron también que la mayoría de las órbitas de planetas gigantes similares a Júpiter fuera del sistema solar son sumamente extravagantes. Esto induce a un caos destructivo entre los planetas más pequeños en lugar de protegerlos. Todos los Júpiters que se ven hoy son Júpiters “malos”. El nuestro es el único “bueno” que conocemos y tiene que serlo, de lo contrario seríamos arrojados al oscuro espacio o al Sol. Incluso cuando hubiera Júpiters “buenos”, otros factores podrían acabar con cualquier tipo de vida. Si uno está en el interior de la galaxia, siempre estará siendo bombardeado por las intensas radiaciones y explosiones de los interiores galácticos. Hay investigaciones que muestran que el cosmos tiene focos de violencia incentivada por ondas asesinas de rayos X, gamma y radiación ionizada.
Así que si estuviéramos solos en el Universo ésta sería una respuesta fascinante. Hasta el día de hoy se han descubierto en nuestras proximidades más de 385 sistemas planetarios que contienen un total de 452 cuerpos planetarios. Teniendo en cuenta todas las estrellas que hay en el universo y que muchas de ellas tienen planetas (muchos de ellos inhabitables), las probabilidades de que estemos solos son tan bajas que sería sencillamente un respuesta impactante, debido a la inmensa cantidad de estrellas que pueblan el Universo. Que seamos los únicos seres vivos en este gran cosmos es una sensación apabullante, seríamos los únicos seres en el universo conscientes de su propia existencia y la existencia del Universo mismo. Podríamos atrevernos a decir en tal caso que somos el único medio para el Universo de conocerse a sí mismo.
Por otro lado el desarrollo de la astrobiología nos ha mostrado que la vida es más resistente de lo que pensábamos, puesto que al investigar emplazamientos con condiciones extremas en la Tierra se ha encontrado microorganismos que viven en ellas, son los llamamos extremófilos, algunos de estos organismos pueden vivir en ausencia de agua, soportar gran cantidad de radiación, vivir en ambientes con temperaturas superiores a los 100 grados centígrados, o con temperaturas muy bajas, vivir en condiciones de muy alta presión, salinidad, acidez, etc…
El hecho de que existiera vida ahí fuera sería fantástico y daría mucho juego, un sinfín de preguntas apasionantes nos vendrían a la cabeza… ¿son inteligentes?, ¿cuál es su aspecto?, ¿cómo es su forma de vida?, ¿cómo es su forma de conocer el entorno que los rodea?, etc…
En primer lugar parémonos a definir el concepto que tenemos de inteligencia. Inteligencia es aquella capacidad definida arbitrariamente por nosotros que nos hace diferentes a todos los otros seres vivos que nos rodean, es la capacidad de componer música, poesía, arte, matemáticas, ciencia y en general comprender el entorno que los rodea. Nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, no pueden hacer estas cosas, y aun así compartimos el 99% del ADN, el más inteligente de los chimpancés ha sido capaz de aprender algo de lenguaje de signos, pero eso es capaz de hacerlo hasta un niño pequeño. Todos nuestros logros tales como las naves espaciales, los telescopios espaciales y todos los frutos de nuestro mundo tecnológico, científico y artístico se debe a ese 1%. Tal vez no haya tanta diferencia como nos gusta pensar entre el lenguaje de signos de ese chimpancé y el LHC. Imaginemos ahora un extraterrestre que únicamente se diferencia de nosotros en un 1% en el mismo sentido en que nosotros nos diferenciamos de un chimpancé…, ¡seríamos unos bobos babeantes ante su presencia!, puesto que si un 1% ha conseguido misiones espaciales ¡imaginad lo que conseguiría otro 1%! ¡Lo inteligentes que serían! Para ellos toda nuestra mecánica cuántica, la teoría de cuerdas, el origen de la vida, nuestras fronteras del conocimiento serían completamente intuitivas. Ellos verían la estación espacial internacional, o el LHC y dirían: ¡OHHHH, mira qué bonito, en clase de primaria de nuestro hijo pepito han diseñado uno igual! Ahora bien, ¿¿pensamos que podríamos tener una conversación con ellos?? ¿Acaso tenemos conversaciones con los primates o con cualquier otra especie sobre la tierra? ¡Y eso que compartimos ADN!.

Así que si existiera vida extraterrestre más inteligente que nosotros no podríamos mantener una conversación con ellos, del mismo modo que un chimpancé no puede mantener una conversación con nosotros. De igual manera, si hubiera vida menos inteligente en otro lugar tampoco podríamos comunicarnos con ellos. Por lo tanto la única opción a la hora de una comunicación sería que tuviéramos una inteligencia muy parecida, pero eso significa que por el momento no vamos a poder comunicarnos, dado que nuestra tecnología no es lo suficientemente avanzada para ello, y por lo tanto la suya tampoco lo sería.
Otro tema interesante a tratar es su aspecto y forma de conocer su entorno si se tratara de formas de vida suficientemente complejas. En mi opinión parece demasiado presuntuoso imaginar que seres en otros planetas tengan un aspecto humano puesto que en otro sistema aislado la evolución de esos seres vivos muy posiblemente haya tomado otro camino muy distinto. Ahora bien, eso significa que sus sentidos podrían ser muy distintos de los nuestros, así que su forma de conocer el mundo que los rodea y por lo tanto el Universo podría distar mucho de la nuestra, eso nos da pie a la preguntarnos si su ciencia y matemáticas serían distintas a las nuestras y si fuera así… ¿qué conclusiones podríamos sacar de este hecho? Por último dejo una pregunta en el aire… ¿seríamos capaces de reconocer una forma de vida inteligente, o no, distinta de la que estamos acostumbrados a ver en nuestro planeta?
Sea como fuere, la simple presencia de vida fuera de nuestro sistema solar significaría una vez más que no somos tan únicos e importantes como pensábamos, sino más bien que somos como una nota en una sinfonía; en esta sinfonía cósmica que es el Universo.
